La controversia por la Academia Internacional de Capacitación Policial de Querétaro parece nacer de la manera en la que Claudia Sheinbaum y su gobierno decidieron abordar el tema.
¿Por qué incitar a un debate sobre si México debe cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad? México ya lo hace. Querétaro también, desde hace años. Lo verdaderamente revelador es cómo una cooperación que lleva tiempo construyéndose terminó convertida en un conflicto político entre el Gobierno federal y un gobernador estatal de oposición y, además, no cualquier gobernador: Mauricio Kuri ha sido durante todo su gobierno uno de los mejor evaluados del país. ¿Será precisamente por eso que la presidenta decidió apuntar contra el gobernador de Querétaro y el embajador de Estados Unidos para encajar dentro de su narrativa de soberanía contra el injerencismo del exterior?
La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó que Mauricio Kuri colocara, junto con el embajador estadounidense Ronald Johnson, la primera piedra de la academia sin que, según la postura federal, se hubieran cumplido previamente todos los procedimientos de coordinación en materia de seguridad. Posteriormente, la Secretaría de Relaciones Exteriores señaló que el proyecto debía pasar por el Grupo de Alto Nivel de Seguridad.
Si ese es el procedimiento, debe cumplirse. Punto. La cooperación internacional en materia de seguridad no puede desarrollarse al margen de las instituciones mexicanas, y nadie debería pretender que la supervisión federal es un obstáculo cuando lo que está en juego es la seguridad nacional.
Pero precisamente por eso resulta inevitable hacer otra pregunta: ¿por qué el Gobierno federal esperó hasta que la primera piedra estuvo colocada para hacer pública su objeción?
Querétaro informó a la Cancillería sobre la visita del embajador. El oficio fue enviado el 23 de septiembre y recibido por la SRE el 25. La visita ocurrió el 2 de octubre. Es cierto que la discusión puede centrarse en si esa comunicación explicó con suficiente claridad el alcance de la academia. La propia Cancillería sostiene que no fue presentada como un mecanismo formal de cooperación internacional en materia de seguridad. Eso tendrá que aclararse documentalmente.
Lo que no deja de llamar la atención es que, si existía un procedimiento que debía cumplirse, nadie haya detenido el proceso antes de que el gobernador y el embajador aparecieran públicamente colocando la primera piedra.
Ahí está el verdadero problema.
La responsabilidad y eficiencia para gobernar significan anticiparse, actuar antes de que ocurran los conflictos y no hacerlos más grandes. Coordinar no es aparecer después para señalar que algo debió hacerse de otra manera. Una administración eficiente debería detectar el problema antes de que llegue al escenario público, especialmente cuando se trata de un proyecto relacionado con seguridad y cooperación internacional.
La academia no apareció de la noche a la mañana. Hay una inversión, una ubicación, un proyecto, gestiones previas y una relación de cooperación que lleva años construyéndose. No estamos hablando de una ocurrencia surgida la semana pasada. Entonces resulta legítimo preguntarse si el problema fue realmente la falta de comunicación o si el problema fue que nadie dentro de la estructura federal tomó la decisión de actuar a tiempo.
La Federación conocía la visita del embajador y consideraba que el proyecto requería una ruta institucional diferente. Tenía una oportunidad evidente para intervenir antes del acto público. No lo hizo.
Las instituciones del Gobierno federal sí fueron convocadas al evento. Ahí se encontraban representantes de la SEDENA, la Guardia Nacional y la FGR. La protesta de la presidenta llega mal y tarde. ¿Por qué nadie le informó adecuadamente de lo que se trataba? Después suele pasar que intentan recuperar el control de la situación mediante el discurso político. Eso es precisamente lo que debería evitarse.
Mauricio Kuri tampoco necesita convertir esta controversia en una guerra contra Claudia Sheinbaum. Sería un error. Su posición más sólida es mucho más sencilla: defender el proyecto, transparentar sus alcances y cumplir las reglas federales que correspondan. Puede aceptar la supervisión institucional sin aceptar que la cooperación internacional para fortalecer a los policías mexicanos sea presentada como una amenaza a la soberanía.
Porque, hasta donde se conoce, la academia no pretende sustituir a la Federación, crear una fuerza estadounidense en territorio mexicano ni entregar a otro país el control de la seguridad de Querétaro. Su objetivo es capacitar y profesionalizar policías mediante cooperación internacional.
México coopera con Estados Unidos en materia de seguridad desde hace años. La discusión razonable no es si debe existir cooperación, sino bajo qué condiciones, con qué controles y con qué objetivos. Si la academia requiere ajustes, que se hagan. Si necesita autorización o supervisión federal, que se cumpla. Si los convenios deben transparentarse, que se transparenten.
Lo que resulta difícil justificar es que una iniciativa para fortalecer capacidades policiales sea convertida automáticamente en una disputa partidista.
México enfrenta organizaciones criminales cada vez más sofisticadas, con mayor capacidad financiera, tecnológica y operativa. Frente a eso, profesionalizar policías, intercambiar conocimiento y fortalecer instituciones debería ser una prioridad. La cooperación internacional no puede ser buena cuando la promueve la Federación y convertirse en sospechosa cuando la impulsa un gobierno estatal.
Si el gobierno de Morena intenta presentar la academia como una especie de cesión de soberanía a Estados Unidos, también tendrá que explicar cómo encaja esa narrativa con la larga historia de cooperación bilateral en seguridad. Si, en cambio, reconoce que la iniciativa puede ser útil, pero exige que se someta a las reglas federales, entonces la discusión puede regresar al terreno institucional, donde debería haber estado desde el principio.
Claro que, en el terreno de las contiendas políticas, el oportunismo es la moneda de cambio. Ni tardos ni perezosos, los militantes de ese partido en Querétaro, como Santiago Nieto y Gilberto Herrera, entre otros personajes, hicieron sendas publicaciones atacando al gobernador de Querétaro, acusándolo de entreguista y traidor a la patria. En fin, que para algunos, con tal de sacar raja política, la vileza puede brotar sin pudor.
Para Claudia Sheinbaum también existe una oportunidad.
Puede utilizar este episodio para demostrar quién controla la política exterior y marcar distancia con un gobernador panista. O puede hacer algo mucho más útil: establecer las reglas, garantizar la supervisión federal y permitir que un proyecto potencialmente importante continúe bajo el marco jurídico correspondiente.
La segunda opción sería políticamente más inteligente.
Porque si la academia funciona, Querétaro podrá demostrar que es capaz de convertirse en referente nacional de profesionalización policial. Y si el Gobierno federal participa en su consolidación, podrá demostrar que su intervención no consistió en frenar una iniciativa, sino en garantizar que la cooperación internacional se desarrollara correctamente.
De esa forma todos ganamos.
Los únicos que perderían serían quienes necesitan una confrontación permanente para convertir cada diferencia institucional en una batalla entre partidos.
La ciudadanía, en realidad, tiene poco interés en saber quién tuvo la última palabra en esta discusión. Quiere policías mejor preparados, más inteligencia, mejor tecnología, instituciones más profesionales y mayor capacidad para enfrentar al crimen.
Por eso la política de llegar tarde resulta tan costosa. Primero permite que un proyecto avance sin que todas las instituciones parezcan estar alineadas; después convierte las diferencias en una disputa pública y, finalmente, obliga a los ciudadanos a escuchar una discusión que pudo haberse resuelto antes de que hubiera cámaras, discursos y titulares.
La primera piedra ya está puesta. Ahora corresponde hacer algo mucho más difícil que colocarla: construir.
Construir significa cumplir las reglas, corregir lo que deba corregirse, transparentar los convenios y definir con precisión el papel de cada institución. Kuri debe demostrar que su proyecto puede avanzar con plena legalidad. Sheinbaum debe demostrar que la supervisión federal puede ejercerse sin convertirla en confrontación política.
La ciudadanía no necesita otra batalla entre PAN y Morena. Necesita que las instituciones dejen de utilizar la seguridad como escenario de confrontación política y empiecen a tratarla como lo que es: un problema que afecta todos los días a personas reales.
Y los ciudadanos debemos exigir que ninguno de los dos convierta este episodio en otro pleito partidista sin consecuencias. No necesitamos saber quién colocó primero la piedra ni quién tuvo la última palabra. Necesitamos policías que sepan hacer su trabajo, instituciones que respondan a tiempo y gobiernos capaces de resolver antes de que los problemas lleguen a las cámaras.
La discusión política puede continuar todo lo que quieran. Pero la ciudadanía tiene derecho a exigir algo más: que, esta vez, la seguridad avance más rápido que las disputas.