El Instituto Nacional Electoral cuesta menos de 0.5 % del presupuesto federal, incluso en años con elecciones. En años sin comicios anda entre 0.15 % y 0.25 %.
Traducido: menos de 50 centavos por cada 100 pesos que gasta el gobierno.
Con eso se organizan las elecciones federales, se mantiene el padrón electoral, se entrega la credencial para votar, se revisan los gastos de los partidos y se garantiza que el poder cambie por votos y no por conflictos.
Y ahora, además, el INE tiene que organizar elecciones de jueces y magistrados, algo que casi no existe en democracias consolidadas. Más boletas, más casillas, más reglas. Más costo y más presión.
El resultado de impulsar ese populismo es mayor presión para el sistema electoral y la sujeción (o abyección) de los jueces y magistrados «electos» cambiando un contrapeso al poder del gobierno por incapacidad, servilismo y desconfianza en el Poder Judicial.
Por ello pretender hacer una reforma electoral sin consenso político es ilegítimo y peligroso. La democracia no es un lujo. Es lo que mantiene estable al país.
Ahora comparemos.
La cancelación del aeropuerto en Texcoco y su reemplazo por el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles costó miles de millones en indemnizaciones y pagos. Y hoy el AIFA mueve muchos menos pasajeros de lo que se prometió y no resolvió nada en cuestión aeroportuaria ni de conexión para la CDMX.
El Tren Maya ha tenido enormes sobrecostos, opacidad en sus contratos, resultó en un daño ecológico inconmensurable, se descarriló y no sirve más que para acumular pérdidas.
El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, conocido como Tren Transístmico, también ha aumentado su presupuesto y la corrupción alrededor de sus obras ya costó vidas humanas.
La Refinería Dos Bocas terminó costando mucho más de lo que se dijo al inicio, su presupuesto aumentó 162 % (esa sí fue la refinería más cara del mundo) y procesa menos del 50 % de la que se supone es su capacidad.
En varios años, estas obras llegaron a representar entre 1 % y 4 % del presupuesto anual. Muchísimo más que el INE.
Y están las paraestatales.
Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) protagonizó uno de los mayores casos de desvío de dinero público reciente.
Petróleos Mexicanos ha recibido apoyos constantes y carga con una deuda enorme.
Comisión Federal de Electricidad también ha necesitado subsidios importantes y ha reportado pérdidas.
Todo eso sí cuesta puntos completos del presupuesto cada año.
Entonces, ¿de verdad el problema es lo que cuesta el INE?
Decir que es «el sistema electoral más caro del mundo» ignora algo básico: México tiene más de 98 millones de votantes, elecciones federales y locales al mismo tiempo y financiamiento público a partidos incluido en el modelo. Comparar números sin tomar en cuenta eso es engañoso.
Si de verdad se quiere una reforma electoral, el tema urgente sería frenar la entrada del crimen organizado en campañas y elecciones, cuidar que no haya dinero ilegal y garantizar seguridad para votar libremente. Ese es el riesgo real.
Pero ese tema casi no se menciona.
Desde Morena se insiste en debilitar al árbitro con el pretexto de que es caro, mientras los gastos mucho más grandes están en sobrecostos, rescates y escándalos.
La democracia mexicana cuesta menos de medio peso por cada 100 del presupuesto.
Debilitar al INE no va a ahorrar dinero, pero le puede salir mucho más caro al país.
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