lunes, 25 de mayo de 2026

El miedo que Morena no logra disipar en Querétaro

Hace unos días publiqué una pregunta en redes sociales dirigida a personas que viven en Querétaro: “¿Cuáles son sus principales preocupaciones sobre el futuro de sus familias en el estado?”. Las respuestas fueron diversas y, en muchos casos, previsibles: agua, movilidad, crecimiento urbano, costo de vida y seguridad. Sin embargo, hubo una percepción que apareció repetidamente por encima de las demás: el temor a que Morena gobierne Querétaro.

Más allá de simpatías partidistas, vale la pena detenerse en ese fenómeno. Porque cuando una parte de la ciudadanía comienza a asociar el futuro cotidiano de su familia con incertidumbre política o deterioro institucional, el asunto deja de ser únicamente electoral. Se convierte en un tema de confianza pública.

Y ahí es donde Morena enfrenta hoy uno de sus principales desafíos en Querétaro.

No necesariamente por la fortaleza de sus adversarios, sino por la percepción nacional que el propio movimiento ha construido durante los últimos años y que inevitablemente influye también en el ámbito local.

Mientras Morena Querétaro intenta proyectar unidad rumbo a 2027, distintos liderazgos internos ya aparecen vinculados a disputas anticipadas por la candidatura estatal. Las diferencias entre grupos cercanos a figuras como Santiago Nieto Castillo y Arturo Maximiliano García Pérez han comenzado a alimentar la percepción de que el partido está más concentrado en su competencia interna que en construir una narrativa clara de gobierno para el estado.

Eso no significa que Morena carezca de estructura o posibilidades reales de crecimiento electoral. De hecho, el partido sigue siendo competitivo nacionalmente y conserva una base social importante. Pero en Querétaro enfrenta un contexto distinto: una parte considerable de la sociedad local asocia estabilidad económica, orden institucional y crecimiento con el modelo político que el estado ha mantenido durante las últimas décadas.

Querétaro no es ajeno a los problemas nacionales, pero sí conserva una imagen relativamente sólida en temas como inversión, industria, empleo y gobernabilidad. Y precisamente por eso, muchos ciudadanos observan con inquietud lo que perciben como escenarios de confrontación o polarización política en otras entidades del país.

Ese temor puede estar influido tanto por hechos reales como por la intensa disputa narrativa entre oficialismo y oposición. La política contemporánea funciona, en buena medida, a partir de percepciones emocionales sobre estabilidad, certidumbre y futuro. Y actualmente Morena parece enfrentar dificultades para transmitir tranquilidad a sectores moderados de la sociedad queretana.

Particularmente en temas relacionados con seguridad.

La crisis nacional de violencia y la persistencia del crimen organizado han terminado afectando la percepción pública sobre el partido gobernante, incluso en estados donde Morena todavía no gobierna. Además, los señalamientos nacionales contra distintas figuras vinculadas al oficialismo —independientemente de sus desenlaces jurídicos— han comenzado a impactar también la conversación pública local.

La ciudadanía difícilmente separa por completo a Morena nacional de Morena estatal.

Y aunque muchas acusaciones forman parte de la confrontación política habitual, el desgaste reputacional existe y comienza a reflejarse en el debate público queretano.

Algo similar ocurrió durante episodios recientes como el bloqueo de la carretera 57 o la aparición de mantas con mensajes contra Morena en distintos puntos del estado. Más allá de quién promovió esos hechos o de qué tan fundadas fueran las acusaciones cruzadas, ambos episodios dejaron evidencia de un clima político cada vez más polarizado.

El problema para Morena es que buena parte de la sociedad queretana no parece estar buscando confrontación permanente. Lo que busca es estabilidad.

Y ahí aparece inevitablemente el contraste con el actual gobierno estatal encabezado por Mauricio Kuri González.

Mientras Morena enfrenta tensiones internas y el desgaste natural derivado del poder federal, Querétaro continúa proyectando una imagen asociada a inversión, cooperación internacional y crecimiento económico. La reciente participación de Kuri en encuentros diplomáticos y empresariales refuerza esa narrativa de estabilidad institucional que el gobierno estatal ha intentado consolidar.

Ese contraste tiene efectos políticos importantes.

Por un lado, Morena busca presentarse como alternativa de cambio. Por el otro, una parte relevante de la ciudadanía parece valorar más la continuidad de un modelo que percibe funcional, especialmente en un contexto nacional marcado por incertidumbre y polarización.

Eso tampoco significa que Querétaro sea inmune al descontento o que el PAN tenga garantizado el futuro político del estado. Ningún proyecto político es permanente. Pero sí ayuda a entender por qué el crecimiento electoral de Morena en Querétaro enfrenta obstáculos distintos a los de otros estados.

La discusión de fondo rumbo a 2027 probablemente no será únicamente ideológica. Será emocional y práctica al mismo tiempo: ¿qué fuerza política transmite mayor confianza sobre la vida cotidiana, la seguridad, la estabilidad económica y el futuro de las familias?

Ahí está hoy el verdadero reto para Morena.

No solamente crecer electoralmente, sino convencer a una sociedad históricamente orientada hacia estabilidad y certeza institucional de que puede gobernar Querétaro sin alterar aquello que muchos ciudadanos consideran uno de los principales activos del estado.

Y al menos por ahora, en términos de percepción pública, ese sigue siendo un desafío considerable.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Agradezco como siempre tus amables opiniones y comentarios así como la gentileza de compartir el artículo si te parece interesante y fue de tu agrado.